jueves, 20 de diciembre de 2012

Torbellinos

Paseaba por la preciosa ciudad de San Sebastián en este día soleado hundida en mis pensamientos últimamente algo oscurecidos. Me pasó a los 17 años cuando veía más de cerca los 18, la mayoría de edad y la pérdida de la inocencia y de la excusa. Pérdida basada en un convencionalismo, una cifra con la que se estima que una persona es responsable de sus actos. Ya había llegado el momento de elegir una carrera y abrirse un camino hacia el futuro, lleno de ambiciones y sueños de triunfar. 
Hoy paseaba por la preciosa ciudad de San Sebastián, en este día soleado cuando, hundida en mis oscuros pensamientos, me detuve a disfrutar de los rayos de sol que hacía tiempo no me acariciaban. Miraba el mar concentrada. La marea estaba baja y me suelo quedar un poco atontada mirando los movimientos del agua de mar, caprichosa y a la vez disciplinada. Observé un comportamiento que llamó mi atención: el agua va hacia la arena, y en un momento dado, dependiendo del punto de marea, cambia de dirección, se vuelve sobre sí misma. ¿Saben qué pasa entre este vaivén?

 Un torbellino. 

Como la vida misma. 


miércoles, 12 de diciembre de 2012

Españolizar, qué "palabro"

                Tengo la horrible costumbre de, a falta de periódico, poner el canal informativo 24 horas de Televisión española mientras desayuno. Horrible porque siempre que presto atención (no todas las mañanas se despierta una con el mismo peinado) salgo de mi casa escandalizada. No solo por lo que veo en ese mismo momento, sino por las reacciones del público (o sea, los que no somos políticos) ante las noticias de los últimos tiempos. Y en estos días se habla mucho de Reforma educativa, y se critica mucho el querer "españolizar" a los alumnitos españoles. La primera en criticar ese verbo soy yo, que estoy a favor de mejorar el aprendizaje del tercer -o cuarto, depende del político de turno que hable-  idioma más hablado del mundo. Con esa palabra, Wert no hizo sino hacer evidente la misma arma con la que silenciosamente nos han atacado a los que pensamos como yo: obligar. Y por eso se le critica.

              Para empezar, quisiera aclarar que en lo que escribo a continuación no hago referencia ni a Cataluña, ni a Galicia, ni a los nuevos nacionalismos emergentes en España. Hablo del caso que mejor conozco: el País Vasco, el que nos ha afectado a mí y a mi familia. Esta mañana, el motivo de mi enfado ha sido el escuchar a un tal Francesc Vallès, diputado en el Congreso, representante del PSC, hablando sobre lo pacíficamente que convivíamos en nuestras comunidades con nuestras lenguas cooficiales. Y tengo que decirle a este señor que no sé cómo se vive en Cataluña a este respecto, parece que según él nadie tenía nada que decir. Pero yo siendo de donde soy y habiendo vivido lo que he vivido sí que tengo algo que decir. Porque en varias ocasiones se me ha ignorado y menospreciado por no hablar euskera. Cuántas veces al decir que no hablo euskera he tenido que explicar el porqué de ese terrible error que cometimos al no aprenderlo. En un par de establecimientos de la Parte Vieja no se me ha servido por que no he pedido en euskera. Hasta ahí podía pensar: "bueno, hay gente que es cabezota, no merece la pena intentar que me entiendan."

             El problema es cuando la intolerancia se traslada a la política. Se elimina el famoso "modelo A, B y C" en el que se podía elegir castellano, castellano-euskera, o euskera, en el que había libertad para elegir. Estoy en favor del euskera: no es más que un enriquecimiento cultural y pienso que deberíamos conservarlo. Pero mantengo mi postura en contra de la politización de este idioma del que se han adueñado los partidos: el nacionalista vasco de ciudad es un nacionalista de pacotilla porque si viene un inmigrante y aprende euskera, automáticamente se hace vasco y entonces "es de los nuestros". No quiero decir con esto que no quiera que los inmigrantes se integren, quiero decir que lo único que saco de esta contradicción es que aquí con el pretexto del euskera se ganan los votos. No lo llamen Nacionalismo, llámenlo Euskerismo.

           Yo no soy inmigrante, he vivido fuera por circunstancias de la vida, mi familia paterna es de aquí y no solo eso sino que han contribuido al crecimiento de esta región, que es de donde son y es la región que aman. Entonces llegan los Euskeristas que nos obligan a aprender sí o sí el euskera porque es "nuestra cultura y nuestra tradición y somos la mejor región de España, la más productiva". Y por la suerte que tenemos que haber nacido aquí  nos imponen este idioma que solo nos servirá para trabajar aquí y por supuesto -lo más importante- para ser aceptados por el resto de esta sociedad. Sociedad que a día de hoy controlan personas de dudosa procedencia y de absoluta inexperiencia en política democrática. A esto se ha llegado por el desinterés y concretamente en Euskadi por el miedo con el que nos han amenazado hasta hace relativamente poco. Y de esto nadie se acuerda.

           Les cuento un caso muy cercano a mi. Hace cuatro años, cuando Ibarretxe seguía pagándole a su hija la matrícula en una universidad privada lejos de la UPV, mi hermano volvía de pasar un año en Canadá en un colegio. Después de nuestra trayectoria escolar fuera de España nos vimos en la situación de tener que hacer el bachiller en San Sebastian. Primero tuvimos que seleccionar el colegio que fuera a ponernos menos dificultades para homologar las asignaturas y por otra parte teníamos que pedir la exención del euskera para que este idioma no fuera determinante a la hora de tener que elegir una carrera fuera del País Vasco. Pues a mi hermano no se la quisieron dar: estaba en marcha un proceso de ley en la que ya no se daban exenciones. NADIE nos escuchó. Nadie nos hizo caso. Matriculamos a Martín en un colegio en Madrid, como si se tuviera que ir al exilio. Tuvimos la suerte que en ese año los resultados electorales fueran desfavorables al PNV.

             No quiero que se deje de hablar euskera, no pido que no se siga enseñando, solo pido que se deje de esconder la realidad. Pido libertad de poder elegir, no les debemos nada a los políticos. Que ese bocazas de Vallès no vuelva a decir que no hay conflicto. No hay conflicto porque no se quiere ver. No me siento acomplejada por no hablar euskera, he aprendido otras cosas que también me serán de utilidad en el futuro. No voy a dejar de ser vasca por no saber euskera. Mi abuela siempre tendrá historias sobre "gente de toda la vida" de Bilbao o San Sebastian que contarme. Siempre tendré constitución fortachona y barbilla prominente por mucho que los políticos intenten echarme con su cara de pacíficos y tolerantes. Políticos de la Inquisición moderna.

       
         
             

lunes, 26 de noviembre de 2012

Actualidad política

Ignorancia hipotecada

               El nivel de conocimientos sobre política y métodos administrativos en un país es medible por el discurso que ofrecen los medios día a día. Esta semana sin ir más lejos está en boca de todos el tema de los desahucios, un drama humano pero ¿acaso conocemos el origen de este desastre social? A juzgar por lo que aparece en los medios se podría decir que pocas personas pueden darle un significado a la palabra "desahucio" y la responsabilidad que ello conlleva. 

                     Analizando un poco nuestra historia a partir de la Transición, nos damos cuenta de que España se subió al tren del progreso unas paradas más tarde que aquellos países considerados "avanzados": quiso llegar al mismo destino, al mismo tiempo y sin darse cuenta de que todo viaje tiene un precio. Tal vez por haber estado sometidos a un régimen totalitario, que nos acostumbró a no opinar sobre aquello que nos parecía inalcanzable, nos diera la impresión de que una vez nos deshiciéramos de este, cualquier alternativa nos haría completamente libres de cualquier deber. Todavía se nos llena la boca al hablar de Democracia (una Democracia que por muchas razones no se ha sabido implantar equitativamente en todo el territorio). Por este motivo parece que dimos carta blanca a nuestros nuevos dirigentes

                    Estábamos convencidos de merecer todo aquello que veíamos a nuestro alrededor sin asumir el trabajo que ese modo de vida nos iba a exigir. Al principio fuimos colmados de novedades: un piso, dos coches y tres hipotecas que ya se pagarían. Extasiados ante tantas facilidades nos olvidamos de vigilar a los que hacían posible todo aquello: los bancos, los políticos y las leyes. El poder administrativo se vio capaz de subir al Everest sin botellas de oxígeno, eran los Todopoderosos que desde lo más alto nos veían fácilmente maleables, y se atrevieron a menospreciar una de las herramientas clave en una nación: la Educación. A través de esta y sus numerosas modificaciones en cuanto a los sistemas implantados (COU, EGB, ESO, ABC, WC...) nos han hecho ver al político como un ser Divino y lejano del pueblo, se habla incluso de "clase política". En los institutos públicos españoles no se sabe lo que es la Constitución, solo se menciona en el último año de bachiller y sin darle el peso que debería, menospreciando el esfuerzo de nuestros antepasados no tan lejanos. En lugar de esto nos han distraído con "medidas sociales" amontonadas sobre una base económica cada vez más inestable, cerrándonos los ojos ante los peligros que acechan a una sociedad descuidada como la que hasta ahora hemos ido creando. 

                    ¿Y cuál es resultado de esta carrera al vacío? Unos políticos que han olvidado su misión mientras se llenan los bolsillos y unos ciudadanos que han renegado de su deber, incapaces ya de reconocer cuáles han sido sus despreocupaciones. ¿De qué se hablaba antes de la crisis? De comprar vacunas para las diversas vertientes de gripe, del agujero de la capa de ozono y sistemas para cerrarlo y de la sanidad pública TOTALMENTE gratuita que no existe en ninguno de aquellos países que tanto venerábamos. Nos creemos que las radiografías son gratuitas, nadie nos recuerda cuánto cuestan.

                  Ahora que los palillos donde se cimentaba todo se han partido, queremos recuperar nuestro poder como ciudadanos y sin pensar en que parte de la culpa es nuestra gritamos "STOP DESAHUCIOS".



*Texto ideado y escrito en colaboración con Héctor Gonzalez, El contrabandista de ideas




lunes, 5 de noviembre de 2012

TRAUMA POST-ADOLESCENTE

               Una vez me dijeron que el primer trauma que todos afrontamos en nuestra vida es nacer. Confieso que al principio esta idea me pareció un poco absurda porque pensaba que al fin y al cabo, si es un trauma, me acordaría. Pero pensando un poco sobre qué son los traumas creo haber "caído" en lo que esto significaba.

              Volviendo a las situaciones traumáticas de mi vida me doy cuenta de que se trata en realidad de una costumbre, un "dar por hecho" que de pronto y sin previo aviso deja de existir. Nadie recuerda el día en el que salió a gritos del vientre de su madre pero sí creo haberme dado cuenta de aquello que una vez me dijeron: un día estamos tranquilamente flotando en ese entorno opaco, oscuro, calentito y sin poder abrir la boca y de repente, sin avisar nos sacan de ahí de cabeza (si todo va bien), nos encontramos totalmente sueltos, como en un viaje al espacio. Unas manos nos agarran de los pies, nos ponen del revés y nos dan unos azotes: oímos nuestra propia voz por primera vez y más o menos diferenciamos la cara de un señor con gorrito y guantes azules y seguramente pensamos que la gente es azul. Después vemos a nuestra madre a la que ya conocemos y por la que sentimos la mayor afinidad. 

       Los primeros años de vida, en general y sin entrar en casos ya-no-tan-aislados, son de interdependencia padres-hijos. Porque ni el niño puede estar sin ellos, ni ellos sin sus hijos: la familia crece unida y todos cambian de distinto modo y a la vez. Pero hay una etapa muy temida por todos los padres llamada adolescencia en la que el niño ya no quiere seguir creciendo junto a sus padres. Nadie que termine bien su desarrollo se salva de esta etapa crítica: si no llega a los 13 años no se preocupen, llegará a los 30. Pensando en positivo, las crisis superadas son los pasos más importantes de la evolución. 

          La adolescencia son esos años en los que el hijo solamente ve fallos en lo que sus padres hacen, incluso en las cosas buenas. Uno deja de reconocer a su mamá y a su papá y ve a los enemigos número 1 que no le dejan expresarse como es por prohibirle ponerse un tatuaje, ve a unos pesados que se meten en su vida y que no aceptan su forma de ser. Una y otra vez se oyen portazos en casa, y el clásico "¡déjame en paz, tu no me entiendes!" aparece en las discusiones de cada día. El adolescente cree que va por la vida en solitario cuando en realidad hay unos padres preocupados que se hacen los locos en muchas cosas que saben de sus hijos. 

            En mi caso, no sé muy bien por qué, de repente me cansé de huir de mis padres y me fui llevando mejor con ellos, fui aceptando que todo lo que soy lo soy gracias a mi familia. Con sus cosas buenas y sus cosas malas. Los padres fallan porque antes que padres son personas. Sus errores son los que nos enseñan a no cometer los mismos. Pero mayoritariamente, puedo decir al menos en mi caso, mi familia me ha dado una educación y una experiencia que considero maravillosa, que les agradezco y que es en la que voy a basarme a la hora de evolucionar yo con mis futuros hijos. 

          Y en esta etapa de reconocimiento de la familia me he visto enfrentada a una situación algo traumática que nunca pude sospechar. Me encuentro ahora a los 21 años, después de haber pasado tantísimas noches sin pensar en ello, después de haber creído que podía prescindir de mis padres, echando tremendamente de menos cuando venían a taparme y a darme un besito. Ese "dar por hecho" que quise olvidar.

            

                

   

miércoles, 31 de octubre de 2012

VIVIR EN PAZ

Está en uno mismo


            Volvíamos en coche de atravesar literalmente el puerto montañoso más alto del mundo. Estábamos a punto de alcanzar nuestro ansiado destino cuando el coche emitió uno de esos gritos agudos que le dejan a uno con la piel de gallina. El chófer paró en seco: rueda trasera pinchada. Miré a mi padre y a mi hermano y comprendí por el poco espacio que quedaba en el blanco de sus ojos que estaban pensando lo mismo que yo: ¿dormir bajo un árbol, pedir a un camionero que pasara por ahí que nos llevara al pueblo al que queríamos llegar o volver andando y cenar piedras por el camino? Y mientras la bola se hacía más grande, Ali, el conductor, ya había reparado la avería sin haber hecho siquiera amago de sorpresa. No sufría el "mardito eztré".

           Me quedé impresionada por ese aparentemente insignificante modo de proceder, sin una mala mirada ni gestos de desesperación. Ali no estaba pensando ni que llevaba ocho horas conduciendo ni en el hambre que podía estar pasando después de semejante paliza. Me di cuenta en ese momento de que es más fácil vivir cuando uno sabe lo que tiene que hacer. Reparar la rueda para llegar a casa y poder comer. 

         Para saber lo que hay que hacer a la hora de tomar decisiones tanto irrelevantes como decisivas para el futuro de la propia vida, lo primero que hay que conocer es quién se es. ¿Quién soy, por qué estoy aquí, para qué sirvo? Son preguntas por un lado difíciles y por otra parte son cuestiones a las que uno teme dar respuesta. Para solucionar esta crisis existencial que a casi todos nos llega en un momento dado, con el pretexto de ser seres sociales, los humanos hemos hallado un atajo perfecto: vivir a través de lo que otros piensen y esperen de nosotros. A priori no parece tan mala idea: vivimos para tener contentos a otras personas, para sentirnos aceptados en un determinado entorno y de este modo no sentirnos solos. Tenemos miedo a la soledad y eso no nos permite reflexionar sobre quiénes somos verdaderamente. Alimentarse de lo que otros piensen es lo que nos hace compararnos unos con otros, es crear envidia y odio. 

        Esta forma de ser es muy "de pata negra". Siempre se oye decir que los alemanes son muy fríos, y no  lo son. Lo que a muchos españoles nos cuesta comprender es que el alemán hace su vida, respetando a los demás y a la Tierra, primero porque tiene noción de lo que es el respeto hacia uno mismo. Cuando una persona sabe lo que tiene que hacer y se orienta hacia el camino adecuado a su forma de ser es cuando puede hacer el Bien por los demás. En nuestra alegre y envidiosa España nos alegramos de que nuestro vecino se haya quedado sin trabajo, enchufamos a nuestros familiares en trabajos para los que no sirven... y es que en general nos gusta estar por encima de todo. "¡Antes muerta que sencilla!", decía la canción. 

       Tenemos que aprender que la manera de llevar una vida auténtica y pacífica es entrando en nosotros mismos: conocer tanto nuestros miedos como nuestros puntos fuertes para poder hacer frente a la Vida. Y hay tantas formas de hacerlo: la lectura muchas veces convierte en palabras aquéllo que tal vez de algún modo habíamos pensado pero que no conseguíamos decir, la escritura nos permite mirarnos desde fuera y viajar desarrolla capacidades que creíamos no tener. Es una tarea dura, que requiere algo de sufrimiento y tiempo a solas. Cuesta darse cuenta de que el ser humano, físicamente, nace solo y muere solo. Esta es la cruda realidad. Asumirlo es un esfuerzo pero una vez asimilado es cuando se puede decir que una persona vive en paz. 

DECORAR, INSPIRAR



         
             Ayer se escuchó en clase la importancia de decorar para atraer. Estoy totalmente de acuerdo en que los detalles importan: cuando cambio de dormitorio (yo ya llevo unos cuantos) me encanta pensar en cómo será mi pequeño espacio: luces, imágenes que me recuerden lo bonita que es la vida, alguna tela exótica... Pienso que es importante que nos guste el sitio en el que vivimos. 

           Fuera de los efectos visuales, ya hablé una vez de lo importante que era la música para mi.  He escuchado muchos tipos de música y puedo asociarlos a momentos concretos de mi vida, como cuando dicen que si hueles el perfume de tu madre por la calle enseguida te acuerdas de los días de tu infancia. Es la decoración de cada etapa de una vida. Y hoy, aunque estemos entrando en noviembre y las horas del día duren menos, aunque estemos empezando a dormir poco por los agobios que nos llegan, quiero decorar mi vida (y la de aquellos que tengan la suerte de disfrutar tanto como yo) con música que me levante el ánimo. Como las imágenes de mi habitación.



miércoles, 17 de octubre de 2012

JUVENTUD, DIVINO TESORO, y sin embargo...

Indignados desde el sofá

 

               A los jóvenes de nuestra generación les importa su indumentaria no solo para estar guapos: quieren resultar atractivos para aquello a lo que ellos mismos quieren acercarse y no ya en términos de amistad o de buscar pareja sino que sobre todo trata de sentirse indentificado con una agrupación de gente. La apariencia no se limita a la forma de vestir: se trata de un uso del lenguaje, de las actividades y bares que frecuentan los fines de semana, de relacionarse con una forma de pensar. La moda ya no se limita a la ropa sino que también existe la moda del "Tibet Libre", "Kony 2012" y otras causas humanitarias que llevan años sobre la mesa y que de repente se revindican en las calles, en las banderas colgadas en las terrazas de las casas, cartelitos en las farolas y camisetas... y desaparecen. El joven se ha estado quejando de problemas muy lejanos a su realidad, dejando que otros tengan que solucionar los conflictos.
         Con este modo de proceder nos enfrentamos ahora a problemas reales, cuando se desmoronan los esquemas de nuestra sociedad tan perfecta y dejada en manos de aquellos a los que pedíamos que "resolvieran" los problemas . Aparecen los Indignados, el movimiento 15M que en verano cierra por vacaciones - hay muchos festivales donde los jóvenes también se reúnen durante la época estival. Este "movimiento" es lo que sale de sus inquietudes: el sentarse en una plaza para discutir lo mal que va todo en todas partes, todos con el mismo discurso quejica y sin aportar ideas. Todos unidos por una supuesta buena causa, enfrentándose a nadie sabe exactamente qué, igual que ilustraba Orwell en su magnífico 1984 en una guerra ficticia contra el caos para que todos se sintieran unidos: "La guerra es la Paz, La Ignorancia es la Fuerza".
          Sustituyendo el término Ignorancia  por Conformismo, este lema es aplicable a la actualidad. Porque conformismo es un término que describe muy bien a nuestra generación. Y esta forma de ser viene del modo en el que se transmite el mundo que nos rodea: sobre todo a través de los medios de comunicación. No paran de enseñarnos cómo una pandilla de personajillos resuelven sus conflictos privados sin ningún pudor: el público abuchea al malo y adora al bueno. Es la cultura del adoctrinamiento, y no es nada nuevo, ocurre en cualquier otro momento de la Historia. Solo que estábamos convencidos de que ese no era nuestro problema.
           La referencia a J. McDermott en el libro Invitación a pensar: "Debemos estar precavidos acerca de lo heredado (...) pues es la calidad de nuestra experiencia lo que resulta decisivo" descubre muy bien el hándicap de nuestra generación: se crean experiencias ficticias a través de los medios de comunicación y luego esto se expresa con un patrón de ideas definido por el canal de televisión que uno prefiere ver, el discurso más atractivo, y sobre este discurso nadie puede añadir ni cambiar nada.
            El miedo a pensar es la final el haberse sometido a lo que otros esperen de nosotros, no funcionamos sin que alguien nos diga lo que es Bueno y lo que es Malo, pero tampoco reflexionamos nosotros mismos sobre ello: la tele, Wikipedia, el whatsapp y Twitter tienen la respuesta a todo. Al final parece que Orwell no estaba tan lejos de la realidad cuando decía que "La Libertad es esclavitud".

BIOGRAFÍA


         María Gabarain nace el 21 de mayo de 1991 en San Sebastián, de madre andaluza y padre vasco. A los seis años, debido al cierre del Liceo Francés de San Sebastian, su colegio por aquel entonces, fue escolarizada en un centro de enseñanza pública en Hendaya, Francia. Más tarde y por motivos familiares tuvo que trasladarse a un pueblo cercano a la frontera con Suiza. Ésta fue una época enriquecedora en muchos sentidos ya que en aquella región se concentraban muchas familias de distintas nacionalidades. Hasta entonces en aquel entorno María se inclinaba por las letras: le gustaba la Historia (aquí me siento obligada a referirme a mucho mas que un profesor excelente, Juan Antonio Pelegrin) y obtuvo un premio en un concurso de redacción por su "Diario de Natalia", hoy en día recordado como "Tratado sobre la entrada a la Edad del Pavo".
      En 2006 inició el curso en un colegio americano de Londres donde además de perfeccionar el inglés y disfrutar de la tan heterogénea capital inglesa, descubrió la ciencia gracias a las enseñanzas de su profesor de Biología, Mr. Tudhope, que le abrió un mundo de oportunidades de cara a su futuro profesional. Finalmente terminó el bachillerato en un colegio inglés de San Sebastián. Ya de vuelta a su ciudad natal, se volvió a aficionar por el surf, deporte que ya había practicado en su infancia.
       Por influencia de su madre, varios deportes han acompañado y marcado a María a lo largo de su vida: comenzó patinando sobre hielo, le gusta la vela, el esquí y le pierde el surf. En estos últimos años su padre ha conseguido despertar su interés por la alta montaña a través de dos viajes: el primero en 2011 a Ruanda y Uganda y el segundo en 2012 al norte de la India, en pleno Himalaya. De ahi comienza a hacer excursiones a los Pirineos, que tambien esconden rincones salvajes. Pero lo importante de estos viajes es que supusieron un antes y un después para María: primero le permitieron evaluar con un punto de vista un poco enriquecido los problemas y conflictos de aquellos países, y, por estas preocupaciones, llegó a conocer la obra del que ahora representa una de sus mayores fuentes de inspiración: Ryszard Kapuscinski.
    En el aspecto cultural, desde su infancia su padre por una parte le ha hecho soportar largas visitas a varios museos de diversas ciudades del mundo, cosa que ahora agradece y valora. También le inculcó la costumbre de leer y hoy en día, cansada del romanticismo trágico francés, se divierte con la obra del inglés P.G. Wodehouse, despierta su inquietud por los libros de G. Orwell y queda fascinada con la imaginación del polaco S. Lem, entre otros. También destaca entre sus aficiones el cine, especialmente películas de Woody Allen y Stanley Kubrick teniendo que profundizar sobre este último debido a la sensibilidad de María frente a escenas esencialmente violentas. Por último, si hubiera que comentar lo que la música representa para ella, habría que escribir una biografía aparte, de modo que aquí solo queda claro que es un arte del que disfruta mucho, a pesar de no saber tocar ningún instrumento.
     Actualmente y gracias a aquel interés que despertaron sus vivencias londinenses, estudia Bioquímica en la Universidad de Navarra. Con esto espera conocer el aspecto material y medible del ser humano, y no ya como una persona que vaya a dedicar su vida e intelecto a la ciencia sino como enriquecimiento personal.