Está en uno mismo
Me quedé impresionada por ese aparentemente insignificante modo de proceder, sin una mala mirada ni gestos de desesperación. Ali no estaba pensando ni que llevaba ocho horas conduciendo ni en el hambre que podía estar pasando después de semejante paliza. Me di cuenta en ese momento de que es más fácil vivir cuando uno sabe lo que tiene que hacer. Reparar la rueda para llegar a casa y poder comer.
Para saber lo que hay que hacer a la hora de tomar decisiones tanto irrelevantes como decisivas para el futuro de la propia vida, lo primero que hay que conocer es quién se es. ¿Quién soy, por qué estoy aquí, para qué sirvo? Son preguntas por un lado difíciles y por otra parte son cuestiones a las que uno teme dar respuesta. Para solucionar esta crisis existencial que a casi todos nos llega en un momento dado, con el pretexto de ser seres sociales, los humanos hemos hallado un atajo perfecto: vivir a través de lo que otros piensen y esperen de nosotros. A priori no parece tan mala idea: vivimos para tener contentos a otras personas, para sentirnos aceptados en un determinado entorno y de este modo no sentirnos solos. Tenemos miedo a la soledad y eso no nos permite reflexionar sobre quiénes somos verdaderamente. Alimentarse de lo que otros piensen es lo que nos hace compararnos unos con otros, es crear envidia y odio.
Esta forma de ser es muy "de pata negra". Siempre se oye decir que los alemanes son muy fríos, y no lo son. Lo que a muchos españoles nos cuesta comprender es que el alemán hace su vida, respetando a los demás y a la Tierra, primero porque tiene noción de lo que es el respeto hacia uno mismo. Cuando una persona sabe lo que tiene que hacer y se orienta hacia el camino adecuado a su forma de ser es cuando puede hacer el Bien por los demás. En nuestra alegre y envidiosa España nos alegramos de que nuestro vecino se haya quedado sin trabajo, enchufamos a nuestros familiares en trabajos para los que no sirven... y es que en general nos gusta estar por encima de todo. "¡Antes muerta que sencilla!", decía la canción.
Tenemos que aprender que la manera de llevar una vida auténtica y pacífica es entrando en nosotros mismos: conocer tanto nuestros miedos como nuestros puntos fuertes para poder hacer frente a la Vida. Y hay tantas formas de hacerlo: la lectura muchas veces convierte en palabras aquéllo que tal vez de algún modo habíamos pensado pero que no conseguíamos decir, la escritura nos permite mirarnos desde fuera y viajar desarrolla capacidades que creíamos no tener. Es una tarea dura, que requiere algo de sufrimiento y tiempo a solas. Cuesta darse cuenta de que el ser humano, físicamente, nace solo y muere solo. Esta es la cruda realidad. Asumirlo es un esfuerzo pero una vez asimilado es cuando se puede decir que una persona vive en paz.
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