Nacer para morir
“La idea de
la muerte la teníamos incorporada en la vida diaria, y esto ha desaparecido en
las culturas occidentales”. Son palabras de Marina Abramovic, una mujer serbia
que tuvo que escapar de su casa debido a sus ocupaciones algo paganas para el
estricto entorno en el que esta mujer creció.
¿Qué miedo
le tenemos a una realidad de la que no solo es imposible sino desaconsejable
huir?
¿No dice
esto mucho del concepto que tenemos de nuestra propia vida?
Examinemos
de forma algo extremista lo que supondría la inexistencia de la muerte.
Imaginemos que hoy se descubre un gas cuya inhalación nos dotara del poder
sobre la muerte y ésta no viniera nunca a buscarnos.
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| Imagen del cortometraje de Disney The Skeleton Dance, año 1929. Comparen con lo que ven sus hijos. |
No existiría
el nacimiento ni motivo alguno para amar a nadie, no interesaría preservar la
vida de otros puesto que ya está asegurada. Sería “Un mundo feliz” repleto de
relaciones personales sin valor dado que tarde o temprano, unos y otros
volveríamos a vernos. Perderían el sentido los errores y por lo tanto el
aprendizaje y la necesidad de buscar sabiduría.
Una vida sin
lucha, sin castigos, sin amor y sin premios.
¿No es así
como parece que se enfoca la vida en nuestro siglo XXI?
El hombre vive
tan repleto de información que se hace juez universal siempre dentro de esa
conveniencia que es el relativismo moral; ya no tiene ganas de pelear ni de
amar. Solo quiere pasarlo bien porque siempre le quedará un mañana que le
limpie la conciencia.
Su lucha no
requiere más esfuerzo que los ciento y pico caracteres de los que dispone
twitter para que desahogue sus superficiales valoraciones del mundo que le
rodea.
El castigo
se ve como una inmoralidad porque cuesta mucho admitir que algo que uno mismo
ha hecho es un error. Y este punto tiene mucho que ver con el desequilibrio
moral del que hablaba más arriba. Hoy en día no consideramos que nadie tenga
potestad para castigar un acto que, tal vez según el propio criterio tiene toda
la legitimidad del mundo.
Sobre el
amor… el amor dura lo mismo que un programa de la televisión. Se responsabiliza
al amor de tantas cosas que parece que si nuestras relaciones no se desarrollan
como en una película en la que todo encaja de principio a fin, perdemos las
ganas de continuar con ese proyecto. Se ha llegado a escuchar a personas de
menos de veinte años diciendo ya que “el amor es una farsa”. Claro, que si lo
que esperamos es que llegue la sirenita diciendo que por uno se pone piernas y
abandona a su familia para estar a su lado, lo normal es que todo acabe en
desilusión, porque eso es imposible que ocurra. Se cree mucho en los cuentos de
hadas pero después se escupe mucho sobre la religión y creer en Dios parece
incluso retrógrado.
A propósito
de las recompensas, hoy se reparten a todo el mundo en algún momento de su vida
y por ello podemos encontrarnos a personas cuyo intelecto no vale, auténticos
borricos ejerciendo autoridad sobre personas cuyo potencial, honradez e
inteligencia sobresalen. Se premia la trampa, la picardía en detrimento de un
esfuerzo real. Se miran solo los resultados y no los métodos. Solo hay que ver
cómo prolifera el uso de “chuletas” en los exámenes de cualquier centro no ya
escolar, sino universitario.
Otra
tendencia observable en nuestros días es el premiar a una persona por un acto
normal y exigible a cualquier ciudadano: prueba de esto es la de un hombre que
por apartar a un niño despistado de la carretera un segundo antes de que un
coche le pasara por encima “poniendo en riesgo su vida” fue reconocido en los
medios y económicamente beneficiado.
No es un
comportamiento heroico sino algo que a todos nos tendría que mover, puro
sentido de la humanidad. Y es que hoy en día es más difícil ser una persona que
ser un héroe.
El mundo
occidental, filosóficamente cínico y convenientemente crédulo ha perdido el
respeto por su muerte, cargando su vida de necesidades ya que por lo menos de
ella se tiene certeza. Y no crean que esto exime del sufrimiento sino que más
bien lo va retrasando hasta hacerse insoportable.
Es hora de
que cada uno busque su ruta espiritual, que reconduzca su vida y sea capaz de
prescindir de los excesos tan a nuestro alcance, tenemos que conseguir ser
felices incluso en los momentos dolorosos. Para lo cual hay que perder la fobia
a la fe, y hablo de Fe en un sentido muy amplio.
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