miércoles, 31 de octubre de 2012

VIVIR EN PAZ

Está en uno mismo


            Volvíamos en coche de atravesar literalmente el puerto montañoso más alto del mundo. Estábamos a punto de alcanzar nuestro ansiado destino cuando el coche emitió uno de esos gritos agudos que le dejan a uno con la piel de gallina. El chófer paró en seco: rueda trasera pinchada. Miré a mi padre y a mi hermano y comprendí por el poco espacio que quedaba en el blanco de sus ojos que estaban pensando lo mismo que yo: ¿dormir bajo un árbol, pedir a un camionero que pasara por ahí que nos llevara al pueblo al que queríamos llegar o volver andando y cenar piedras por el camino? Y mientras la bola se hacía más grande, Ali, el conductor, ya había reparado la avería sin haber hecho siquiera amago de sorpresa. No sufría el "mardito eztré".

           Me quedé impresionada por ese aparentemente insignificante modo de proceder, sin una mala mirada ni gestos de desesperación. Ali no estaba pensando ni que llevaba ocho horas conduciendo ni en el hambre que podía estar pasando después de semejante paliza. Me di cuenta en ese momento de que es más fácil vivir cuando uno sabe lo que tiene que hacer. Reparar la rueda para llegar a casa y poder comer. 

         Para saber lo que hay que hacer a la hora de tomar decisiones tanto irrelevantes como decisivas para el futuro de la propia vida, lo primero que hay que conocer es quién se es. ¿Quién soy, por qué estoy aquí, para qué sirvo? Son preguntas por un lado difíciles y por otra parte son cuestiones a las que uno teme dar respuesta. Para solucionar esta crisis existencial que a casi todos nos llega en un momento dado, con el pretexto de ser seres sociales, los humanos hemos hallado un atajo perfecto: vivir a través de lo que otros piensen y esperen de nosotros. A priori no parece tan mala idea: vivimos para tener contentos a otras personas, para sentirnos aceptados en un determinado entorno y de este modo no sentirnos solos. Tenemos miedo a la soledad y eso no nos permite reflexionar sobre quiénes somos verdaderamente. Alimentarse de lo que otros piensen es lo que nos hace compararnos unos con otros, es crear envidia y odio. 

        Esta forma de ser es muy "de pata negra". Siempre se oye decir que los alemanes son muy fríos, y no  lo son. Lo que a muchos españoles nos cuesta comprender es que el alemán hace su vida, respetando a los demás y a la Tierra, primero porque tiene noción de lo que es el respeto hacia uno mismo. Cuando una persona sabe lo que tiene que hacer y se orienta hacia el camino adecuado a su forma de ser es cuando puede hacer el Bien por los demás. En nuestra alegre y envidiosa España nos alegramos de que nuestro vecino se haya quedado sin trabajo, enchufamos a nuestros familiares en trabajos para los que no sirven... y es que en general nos gusta estar por encima de todo. "¡Antes muerta que sencilla!", decía la canción. 

       Tenemos que aprender que la manera de llevar una vida auténtica y pacífica es entrando en nosotros mismos: conocer tanto nuestros miedos como nuestros puntos fuertes para poder hacer frente a la Vida. Y hay tantas formas de hacerlo: la lectura muchas veces convierte en palabras aquéllo que tal vez de algún modo habíamos pensado pero que no conseguíamos decir, la escritura nos permite mirarnos desde fuera y viajar desarrolla capacidades que creíamos no tener. Es una tarea dura, que requiere algo de sufrimiento y tiempo a solas. Cuesta darse cuenta de que el ser humano, físicamente, nace solo y muere solo. Esta es la cruda realidad. Asumirlo es un esfuerzo pero una vez asimilado es cuando se puede decir que una persona vive en paz. 

DECORAR, INSPIRAR



         
             Ayer se escuchó en clase la importancia de decorar para atraer. Estoy totalmente de acuerdo en que los detalles importan: cuando cambio de dormitorio (yo ya llevo unos cuantos) me encanta pensar en cómo será mi pequeño espacio: luces, imágenes que me recuerden lo bonita que es la vida, alguna tela exótica... Pienso que es importante que nos guste el sitio en el que vivimos. 

           Fuera de los efectos visuales, ya hablé una vez de lo importante que era la música para mi.  He escuchado muchos tipos de música y puedo asociarlos a momentos concretos de mi vida, como cuando dicen que si hueles el perfume de tu madre por la calle enseguida te acuerdas de los días de tu infancia. Es la decoración de cada etapa de una vida. Y hoy, aunque estemos entrando en noviembre y las horas del día duren menos, aunque estemos empezando a dormir poco por los agobios que nos llegan, quiero decorar mi vida (y la de aquellos que tengan la suerte de disfrutar tanto como yo) con música que me levante el ánimo. Como las imágenes de mi habitación.



miércoles, 17 de octubre de 2012

JUVENTUD, DIVINO TESORO, y sin embargo...

Indignados desde el sofá

 

               A los jóvenes de nuestra generación les importa su indumentaria no solo para estar guapos: quieren resultar atractivos para aquello a lo que ellos mismos quieren acercarse y no ya en términos de amistad o de buscar pareja sino que sobre todo trata de sentirse indentificado con una agrupación de gente. La apariencia no se limita a la forma de vestir: se trata de un uso del lenguaje, de las actividades y bares que frecuentan los fines de semana, de relacionarse con una forma de pensar. La moda ya no se limita a la ropa sino que también existe la moda del "Tibet Libre", "Kony 2012" y otras causas humanitarias que llevan años sobre la mesa y que de repente se revindican en las calles, en las banderas colgadas en las terrazas de las casas, cartelitos en las farolas y camisetas... y desaparecen. El joven se ha estado quejando de problemas muy lejanos a su realidad, dejando que otros tengan que solucionar los conflictos.
         Con este modo de proceder nos enfrentamos ahora a problemas reales, cuando se desmoronan los esquemas de nuestra sociedad tan perfecta y dejada en manos de aquellos a los que pedíamos que "resolvieran" los problemas . Aparecen los Indignados, el movimiento 15M que en verano cierra por vacaciones - hay muchos festivales donde los jóvenes también se reúnen durante la época estival. Este "movimiento" es lo que sale de sus inquietudes: el sentarse en una plaza para discutir lo mal que va todo en todas partes, todos con el mismo discurso quejica y sin aportar ideas. Todos unidos por una supuesta buena causa, enfrentándose a nadie sabe exactamente qué, igual que ilustraba Orwell en su magnífico 1984 en una guerra ficticia contra el caos para que todos se sintieran unidos: "La guerra es la Paz, La Ignorancia es la Fuerza".
          Sustituyendo el término Ignorancia  por Conformismo, este lema es aplicable a la actualidad. Porque conformismo es un término que describe muy bien a nuestra generación. Y esta forma de ser viene del modo en el que se transmite el mundo que nos rodea: sobre todo a través de los medios de comunicación. No paran de enseñarnos cómo una pandilla de personajillos resuelven sus conflictos privados sin ningún pudor: el público abuchea al malo y adora al bueno. Es la cultura del adoctrinamiento, y no es nada nuevo, ocurre en cualquier otro momento de la Historia. Solo que estábamos convencidos de que ese no era nuestro problema.
           La referencia a J. McDermott en el libro Invitación a pensar: "Debemos estar precavidos acerca de lo heredado (...) pues es la calidad de nuestra experiencia lo que resulta decisivo" descubre muy bien el hándicap de nuestra generación: se crean experiencias ficticias a través de los medios de comunicación y luego esto se expresa con un patrón de ideas definido por el canal de televisión que uno prefiere ver, el discurso más atractivo, y sobre este discurso nadie puede añadir ni cambiar nada.
            El miedo a pensar es la final el haberse sometido a lo que otros esperen de nosotros, no funcionamos sin que alguien nos diga lo que es Bueno y lo que es Malo, pero tampoco reflexionamos nosotros mismos sobre ello: la tele, Wikipedia, el whatsapp y Twitter tienen la respuesta a todo. Al final parece que Orwell no estaba tan lejos de la realidad cuando decía que "La Libertad es esclavitud".

BIOGRAFÍA


         María Gabarain nace el 21 de mayo de 1991 en San Sebastián, de madre andaluza y padre vasco. A los seis años, debido al cierre del Liceo Francés de San Sebastian, su colegio por aquel entonces, fue escolarizada en un centro de enseñanza pública en Hendaya, Francia. Más tarde y por motivos familiares tuvo que trasladarse a un pueblo cercano a la frontera con Suiza. Ésta fue una época enriquecedora en muchos sentidos ya que en aquella región se concentraban muchas familias de distintas nacionalidades. Hasta entonces en aquel entorno María se inclinaba por las letras: le gustaba la Historia (aquí me siento obligada a referirme a mucho mas que un profesor excelente, Juan Antonio Pelegrin) y obtuvo un premio en un concurso de redacción por su "Diario de Natalia", hoy en día recordado como "Tratado sobre la entrada a la Edad del Pavo".
      En 2006 inició el curso en un colegio americano de Londres donde además de perfeccionar el inglés y disfrutar de la tan heterogénea capital inglesa, descubrió la ciencia gracias a las enseñanzas de su profesor de Biología, Mr. Tudhope, que le abrió un mundo de oportunidades de cara a su futuro profesional. Finalmente terminó el bachillerato en un colegio inglés de San Sebastián. Ya de vuelta a su ciudad natal, se volvió a aficionar por el surf, deporte que ya había practicado en su infancia.
       Por influencia de su madre, varios deportes han acompañado y marcado a María a lo largo de su vida: comenzó patinando sobre hielo, le gusta la vela, el esquí y le pierde el surf. En estos últimos años su padre ha conseguido despertar su interés por la alta montaña a través de dos viajes: el primero en 2011 a Ruanda y Uganda y el segundo en 2012 al norte de la India, en pleno Himalaya. De ahi comienza a hacer excursiones a los Pirineos, que tambien esconden rincones salvajes. Pero lo importante de estos viajes es que supusieron un antes y un después para María: primero le permitieron evaluar con un punto de vista un poco enriquecido los problemas y conflictos de aquellos países, y, por estas preocupaciones, llegó a conocer la obra del que ahora representa una de sus mayores fuentes de inspiración: Ryszard Kapuscinski.
    En el aspecto cultural, desde su infancia su padre por una parte le ha hecho soportar largas visitas a varios museos de diversas ciudades del mundo, cosa que ahora agradece y valora. También le inculcó la costumbre de leer y hoy en día, cansada del romanticismo trágico francés, se divierte con la obra del inglés P.G. Wodehouse, despierta su inquietud por los libros de G. Orwell y queda fascinada con la imaginación del polaco S. Lem, entre otros. También destaca entre sus aficiones el cine, especialmente películas de Woody Allen y Stanley Kubrick teniendo que profundizar sobre este último debido a la sensibilidad de María frente a escenas esencialmente violentas. Por último, si hubiera que comentar lo que la música representa para ella, habría que escribir una biografía aparte, de modo que aquí solo queda claro que es un arte del que disfruta mucho, a pesar de no saber tocar ningún instrumento.
     Actualmente y gracias a aquel interés que despertaron sus vivencias londinenses, estudia Bioquímica en la Universidad de Navarra. Con esto espera conocer el aspecto material y medible del ser humano, y no ya como una persona que vaya a dedicar su vida e intelecto a la ciencia sino como enriquecimiento personal.