jueves, 20 de diciembre de 2012

Torbellinos

Paseaba por la preciosa ciudad de San Sebastián en este día soleado hundida en mis pensamientos últimamente algo oscurecidos. Me pasó a los 17 años cuando veía más de cerca los 18, la mayoría de edad y la pérdida de la inocencia y de la excusa. Pérdida basada en un convencionalismo, una cifra con la que se estima que una persona es responsable de sus actos. Ya había llegado el momento de elegir una carrera y abrirse un camino hacia el futuro, lleno de ambiciones y sueños de triunfar. 
Hoy paseaba por la preciosa ciudad de San Sebastián, en este día soleado cuando, hundida en mis oscuros pensamientos, me detuve a disfrutar de los rayos de sol que hacía tiempo no me acariciaban. Miraba el mar concentrada. La marea estaba baja y me suelo quedar un poco atontada mirando los movimientos del agua de mar, caprichosa y a la vez disciplinada. Observé un comportamiento que llamó mi atención: el agua va hacia la arena, y en un momento dado, dependiendo del punto de marea, cambia de dirección, se vuelve sobre sí misma. ¿Saben qué pasa entre este vaivén?

 Un torbellino. 

Como la vida misma. 


2 comentarios:

  1. Maravillosa observación, María.

    Pasé el jueves un momento por el Paseo de la Concha que estaba maravilloso: me tomaron una foto que puse en Facebook, pero no presté atención a los torbellinos.

    Sigue escribiendo!

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  2. Como la vida misma. Como tu vida misma, como mi vida misma.
    Incluso me atrevería a decir que el conjunto de todas las vidas de todas las personas mismas.

    La historia de la sociedad contemporánea esta llena de torbellinos.

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