lunes, 26 de noviembre de 2012

Actualidad política

Ignorancia hipotecada

               El nivel de conocimientos sobre política y métodos administrativos en un país es medible por el discurso que ofrecen los medios día a día. Esta semana sin ir más lejos está en boca de todos el tema de los desahucios, un drama humano pero ¿acaso conocemos el origen de este desastre social? A juzgar por lo que aparece en los medios se podría decir que pocas personas pueden darle un significado a la palabra "desahucio" y la responsabilidad que ello conlleva. 

                     Analizando un poco nuestra historia a partir de la Transición, nos damos cuenta de que España se subió al tren del progreso unas paradas más tarde que aquellos países considerados "avanzados": quiso llegar al mismo destino, al mismo tiempo y sin darse cuenta de que todo viaje tiene un precio. Tal vez por haber estado sometidos a un régimen totalitario, que nos acostumbró a no opinar sobre aquello que nos parecía inalcanzable, nos diera la impresión de que una vez nos deshiciéramos de este, cualquier alternativa nos haría completamente libres de cualquier deber. Todavía se nos llena la boca al hablar de Democracia (una Democracia que por muchas razones no se ha sabido implantar equitativamente en todo el territorio). Por este motivo parece que dimos carta blanca a nuestros nuevos dirigentes

                    Estábamos convencidos de merecer todo aquello que veíamos a nuestro alrededor sin asumir el trabajo que ese modo de vida nos iba a exigir. Al principio fuimos colmados de novedades: un piso, dos coches y tres hipotecas que ya se pagarían. Extasiados ante tantas facilidades nos olvidamos de vigilar a los que hacían posible todo aquello: los bancos, los políticos y las leyes. El poder administrativo se vio capaz de subir al Everest sin botellas de oxígeno, eran los Todopoderosos que desde lo más alto nos veían fácilmente maleables, y se atrevieron a menospreciar una de las herramientas clave en una nación: la Educación. A través de esta y sus numerosas modificaciones en cuanto a los sistemas implantados (COU, EGB, ESO, ABC, WC...) nos han hecho ver al político como un ser Divino y lejano del pueblo, se habla incluso de "clase política". En los institutos públicos españoles no se sabe lo que es la Constitución, solo se menciona en el último año de bachiller y sin darle el peso que debería, menospreciando el esfuerzo de nuestros antepasados no tan lejanos. En lugar de esto nos han distraído con "medidas sociales" amontonadas sobre una base económica cada vez más inestable, cerrándonos los ojos ante los peligros que acechan a una sociedad descuidada como la que hasta ahora hemos ido creando. 

                    ¿Y cuál es resultado de esta carrera al vacío? Unos políticos que han olvidado su misión mientras se llenan los bolsillos y unos ciudadanos que han renegado de su deber, incapaces ya de reconocer cuáles han sido sus despreocupaciones. ¿De qué se hablaba antes de la crisis? De comprar vacunas para las diversas vertientes de gripe, del agujero de la capa de ozono y sistemas para cerrarlo y de la sanidad pública TOTALMENTE gratuita que no existe en ninguno de aquellos países que tanto venerábamos. Nos creemos que las radiografías son gratuitas, nadie nos recuerda cuánto cuestan.

                  Ahora que los palillos donde se cimentaba todo se han partido, queremos recuperar nuestro poder como ciudadanos y sin pensar en que parte de la culpa es nuestra gritamos "STOP DESAHUCIOS".



*Texto ideado y escrito en colaboración con Héctor Gonzalez, El contrabandista de ideas




lunes, 5 de noviembre de 2012

TRAUMA POST-ADOLESCENTE

               Una vez me dijeron que el primer trauma que todos afrontamos en nuestra vida es nacer. Confieso que al principio esta idea me pareció un poco absurda porque pensaba que al fin y al cabo, si es un trauma, me acordaría. Pero pensando un poco sobre qué son los traumas creo haber "caído" en lo que esto significaba.

              Volviendo a las situaciones traumáticas de mi vida me doy cuenta de que se trata en realidad de una costumbre, un "dar por hecho" que de pronto y sin previo aviso deja de existir. Nadie recuerda el día en el que salió a gritos del vientre de su madre pero sí creo haberme dado cuenta de aquello que una vez me dijeron: un día estamos tranquilamente flotando en ese entorno opaco, oscuro, calentito y sin poder abrir la boca y de repente, sin avisar nos sacan de ahí de cabeza (si todo va bien), nos encontramos totalmente sueltos, como en un viaje al espacio. Unas manos nos agarran de los pies, nos ponen del revés y nos dan unos azotes: oímos nuestra propia voz por primera vez y más o menos diferenciamos la cara de un señor con gorrito y guantes azules y seguramente pensamos que la gente es azul. Después vemos a nuestra madre a la que ya conocemos y por la que sentimos la mayor afinidad. 

       Los primeros años de vida, en general y sin entrar en casos ya-no-tan-aislados, son de interdependencia padres-hijos. Porque ni el niño puede estar sin ellos, ni ellos sin sus hijos: la familia crece unida y todos cambian de distinto modo y a la vez. Pero hay una etapa muy temida por todos los padres llamada adolescencia en la que el niño ya no quiere seguir creciendo junto a sus padres. Nadie que termine bien su desarrollo se salva de esta etapa crítica: si no llega a los 13 años no se preocupen, llegará a los 30. Pensando en positivo, las crisis superadas son los pasos más importantes de la evolución. 

          La adolescencia son esos años en los que el hijo solamente ve fallos en lo que sus padres hacen, incluso en las cosas buenas. Uno deja de reconocer a su mamá y a su papá y ve a los enemigos número 1 que no le dejan expresarse como es por prohibirle ponerse un tatuaje, ve a unos pesados que se meten en su vida y que no aceptan su forma de ser. Una y otra vez se oyen portazos en casa, y el clásico "¡déjame en paz, tu no me entiendes!" aparece en las discusiones de cada día. El adolescente cree que va por la vida en solitario cuando en realidad hay unos padres preocupados que se hacen los locos en muchas cosas que saben de sus hijos. 

            En mi caso, no sé muy bien por qué, de repente me cansé de huir de mis padres y me fui llevando mejor con ellos, fui aceptando que todo lo que soy lo soy gracias a mi familia. Con sus cosas buenas y sus cosas malas. Los padres fallan porque antes que padres son personas. Sus errores son los que nos enseñan a no cometer los mismos. Pero mayoritariamente, puedo decir al menos en mi caso, mi familia me ha dado una educación y una experiencia que considero maravillosa, que les agradezco y que es en la que voy a basarme a la hora de evolucionar yo con mis futuros hijos. 

          Y en esta etapa de reconocimiento de la familia me he visto enfrentada a una situación algo traumática que nunca pude sospechar. Me encuentro ahora a los 21 años, después de haber pasado tantísimas noches sin pensar en ello, después de haber creído que podía prescindir de mis padres, echando tremendamente de menos cuando venían a taparme y a darme un besito. Ese "dar por hecho" que quise olvidar.