Una película que enfoca la vida de esa manera que solo tipos
con sensibilidad persuasiva como Woody Allen podían mostrarnos.
Acostumbrados a percibir la vida en todo su absurdo desde sus películas
más divertidas- aquellas que también comprenden las mentes inalterables- Interiores se desarrolla en esa
misma línea, tomada desde unos personajes aturdidos, tristes y trágicamente sometidos
a una serie de problemas a los que nadie, ni siquiera aquel que goce de mayor
autoestima o ambición, puede dar solución.
A lo largo de la película vamos descubriendo lo que
atormenta a cada uno de los personajes; sus complejos y estados en los que
ellos se sitúan comparándose unos con otros. Están obcecados en sus fallos
persiguiendo una perfección o idealización inalcanzables en la vida real y eso
no les deja ver nada fuera de sus barreras psicológicas.
No me he dado cuenta del absurdo de esa forma de vivir la
vida hasta que no ha aparecido la nueva pareja del padre,- interrumpiendo de
forma inesperada el espíritu sombrío y analítico de la familia a la que se
refiere la película- con su optimismo y vitalidad. De repente nos encontramos
con una mujer amable, que choca con una delicada situación familiar pero que
desde luego parece no suponerle mayor problema, mas que el mero hecho de que
después de un tiempo todo se andará. Cuando la miraba bailar, el hombre que la
eligió la miraba satisfecho, con una añorada sonrisa cariñosa. En cambio
aquellos que no esperaban su llegada la observaban sin comprender cómo en mitad
del drama que estaba sucediendo, una persona pudiera parecer tan despreocupada.
El drama está ausente porque visualmente es intransmisible. Su
peso es el que sostienen aquellos que le dan importancia. Y desde luego el
drama existe.
¿Qué enfoque hay que darle a la vida?