viernes, 11 de octubre de 2013

INTERIORES



Una película que enfoca la vida de esa manera que solo tipos con sensibilidad persuasiva como Woody Allen podían mostrarnos.

Acostumbrados a percibir la vida en todo su absurdo desde sus películas más divertidas- aquellas que también comprenden las mentes inalterables- Interiores se desarrolla en esa misma línea, tomada desde unos personajes aturdidos, tristes y trágicamente sometidos a una serie de problemas a los que nadie, ni siquiera aquel que goce de mayor autoestima o ambición, puede dar solución.

A lo largo de la película vamos descubriendo lo que atormenta a cada uno de los personajes; sus complejos y estados en los que ellos se sitúan comparándose unos con otros. Están obcecados en sus fallos persiguiendo una perfección o idealización inalcanzables en la vida real y eso no les deja ver nada fuera de sus barreras psicológicas.

No me he dado cuenta del absurdo de esa forma de vivir la vida hasta que no ha aparecido la nueva pareja del padre,- interrumpiendo de forma inesperada el espíritu sombrío y analítico de la familia a la que se refiere la película- con su optimismo y vitalidad. De repente nos encontramos con una mujer amable, que choca con una delicada situación familiar pero que desde luego parece no suponerle mayor problema, mas que el mero hecho de que después de un tiempo todo se andará. Cuando la miraba bailar, el hombre que la eligió la miraba satisfecho, con una añorada sonrisa cariñosa. En cambio aquellos que no esperaban su llegada la observaban sin comprender cómo en mitad del drama que estaba sucediendo, una persona pudiera parecer tan despreocupada.


El drama está ausente porque visualmente es intransmisible. Su peso es el que sostienen aquellos que le dan importancia. Y desde luego el drama existe. 

¿Qué enfoque hay que darle a la vida?




miércoles, 2 de octubre de 2013

Hegel y yo

        No escribí sobre ello ni siquiera mientras era presa de la incertidumbre y el pánico.  Me arrepiento.

        Todas las mañanas me despertaba en aquella habitación de Alfonso el Batallador desesperada y entregándome al destino que se había escrito para mí. Volvía sobre mi pasado y encontraba señales premonitorias de lo que estaba pasando. (...) Asimilé ese nuevo capítulo de mi vida con responsabilidad y miedo. ¿De qué sirve el miedo en la seguridad? ¿Dónde se encuentra en este caso el mecanismo de alarma?

       Para dar cuenta a la persona del gran cambio que su vida va a tomar.

     ¿Y para qué sirve esta advertencia, es necesaria?¿No se puede simplemente dejar que el tiempo pase sin pensar que el tiempo no vuelve?

       La gente con la que me cruzaba tenía otro efecto sobre mi. (...) Me sentía plena espiritualmente, adulta.

       Pero siempre está la Razón acechando nuestras esperanzas. La Razón y el Miedo guardan estrecha relación en cuestiones transcendentales. Se entremezclan en nuestras mentes y dan formas a pensamientos todavía indefinidos que acaban siendo los motivos de la desesperación : piensas que un día mirarás atrás y te darás cuenta de que Tu vida se ha ido a la mierda.
(...)
Fue una Victoria en el fracaso. En un principio sufrí mucho.  En este caso una no solo convive con una idea, porque no es una idea. Es un hecho VITAL: si no lo hubiera necesitado, no me habría hecho soñar.

      Pasó el tiempo y tuve que hacerme a la idea de Libertad. No me costó mucho: dejé la carrera con el propósito de empezar de cero.

      Estos últimos seis meses de parón han simbolizado claramente mi paso por la Libertad absoluta. Conocí a muchísima gente , me sentí invencible por todo lo que me había pasado y por mi decisión profesional. En realidad me sentía invencible porque por un tiempo NADA ME PREOCUPABA.

       Nunca desde mis cuatro años he vivido una época en la que nada me preocupara y el resultado es el mismo que cuando una persona escribe con un rotulador en una pared: cuesta borrarlo del todo.